¿Leptina u obesina? en una RTC

Si la cantidad de grasa almacenada en tus adipocitos aumenta más de lo normal, es decir, si presentas  sobrepeso u obesidad, esos adipocitos liberan una hormona llamada leptina, que viaja a tu cerebro, más precisamente al hipotálamo, como señal para reducir el apetito, pues indica que ya tienes suficiente grasa o reserva energética que podrías consumir o metabolizar.

Leptina deriva de leptos que significa delgado y es una hormona descubierta recién en el año 1994, sin embargo, al revisar sus efectos, uno se pregunta si debió haberse llamado “obesina” o algo parecido, pues muchos de los obesos tienen alta concentración de leptina en su sangre y mucho mayor concentración que los pacientes normopesos o no obesos.

Los niveles de leptina persistentemente elevados durante mucho tiempo van a desencadenar una resistencia a la leptina, no obedeciendo las células a su señal de inhibir el apetito. Es como si un paciente con sobrepeso u obeso se comportara en algunos casos como un paciente de bajo peso o desnutrido, que requiere seguir aumentando sus depósitos de grasas y reservas energéticas.

Se ha sugerido que el principal papel de la leptina es actuar como una señal de hambre cuando los niveles son bajos, para ayudar a mantener las reservas de grasa, de acá que me surge más el nombre de “obesina”, para sobrevivir en tiempos de hambre, en lugar de una señal de saciedad para evitar comer en exceso.

Cuando la leptina está elevada en tu sangre se observan varios efectos compensatorios: 

  1. Disminución del apetito.
  2. Aumenta el metabolismo basal.
  3. Aumenta el gasto energético: aumenta la temperatura corporal.
  4. Disminuye la síntesis de grasa.
  5. Favorece el uso de la grasa acumulada para la producción de energía.
  6. Estimula la insulina.
  7. Efecto en la reproducción.
  8. Efecto en la inmunidad.
  9. Efecto en la angiogénesis.

Sin embargo, todos estos efectos benéficos fisiológicos no se producen cuando presentamos resistencia a la leptina, debido a que las células no obedecen a la acción de ella.

Te quiero señalar que el consumo prolongado de fructosa se ha demostrado que aumenta los niveles de triglicéridos y desencadena tanto resistencia a la insulina como a la leptina.

Por todo lo anterior y para devolver la capacidad del cuerpo a responder adecuadamente a la leptina, se requiere una alimentación equilibrada, baja en fructosa e hidratos de carbono, tanto procesados como ultraprocesados, asesorarse para una adecuada y personalizada reducción terapéutica de carbohidratos, con grasas saludables, aporte proteico y actividad física personalizada.

En la compleja intervención neuroendocrina y psiconutrición sobre la sensación de hambre y saciedad que contribuye a la regulación de ello, otras hormonas como la grehlina, la colecistoquinina y el neuropéptido Y, entre otras, adquieren gran relevancia.

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